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La cooperación en materia de infraestructuras podría ser una opción.

Por Liu Weiping | China Daily | Actualizado: 18/07/2022 07:24

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LI MIN/CHINA DAILY

Existen grandes diferencias entre China y Estados Unidos, pero desde el punto de vista empresarial y económico, esas diferencias implican complementariedad, compatibilidad y cooperación mutuamente beneficiosa, por lo que ambos países deberían esforzarse por garantizar que las diferencias se conviertan en una fuente de fortaleza, cooperación y crecimiento común, y no en conflictos.

La estructura comercial sino-estadounidense aún muestra una fuerte complementariedad, y el déficit comercial de Estados Unidos se atribuye principalmente a las estructuras económicas de ambos países. Dado que China se sitúa en los extremos medio y bajo de las cadenas de valor globales, mientras que Estados Unidos se encuentra en los extremos medio y alto, ambos países necesitan ajustar sus estructuras económicas para hacer frente a los cambios en la oferta y la demanda mundiales.

Actualmente, las relaciones económicas entre China y Estados Unidos se caracterizan por cuestiones polémicas como el creciente déficit comercial, las diferencias en las normas comerciales y las disputas sobre derechos de propiedad intelectual. Sin embargo, estas son inevitables en la cooperación competitiva.

En cuanto a los aranceles punitivos que Estados Unidos impone a los productos chinos, los estudios demuestran que perjudican más a Estados Unidos que a China. Por eso, la reducción arancelaria y la liberalización del comercio redundan en beneficio mutuo de ambos países.

Además, dado que la liberalización del comercio con otros países puede mitigar o compensar los efectos negativos derivados de las disputas comerciales entre China y Estados Unidos, como demuestran los análisis, China debería seguir abriendo su economía, desarrollar más alianzas globales y contribuir a la construcción de una economía mundial abierta para su propio beneficio y el del resto del mundo.

Las disputas comerciales entre China y Estados Unidos representan tanto un desafío como una oportunidad para China. Por ejemplo, los aranceles estadounidenses tienen como objetivo la política "Hecho en China 2025". Si logran perjudicar esta política, la industria manufacturera avanzada china sufrirá las consecuencias, lo que reducirá el volumen de importaciones y el comercio exterior del país, y ralentizará la transformación y modernización de dicha industria.

Sin embargo, también ofrece a China la oportunidad de desarrollar sus propias tecnologías básicas y de alta gama, e impulsa a sus empresas de alta tecnología a pensar más allá de su modelo de desarrollo tradicional, a abandonar la fuerte dependencia de las importaciones y la fabricación de equipos originales, y a intensificar la investigación y el desarrollo para facilitar las innovaciones y avanzar hacia los segmentos medio y alto de las cadenas de valor globales.

Asimismo, cuando llegue el momento oportuno, China y Estados Unidos deberían ampliar su marco de negociaciones comerciales para incluir la cooperación en materia de infraestructuras, ya que dicha cooperación no solo aliviará las tensiones comerciales, sino que también promoverá una integración económica más profunda entre ambas partes.

Por ejemplo, dada su experiencia y pericia en la construcción de infraestructuras gigantescas y de alta calidad, así como el uso de tecnologías avanzadas en la construcción de infraestructuras, China está bien posicionada para participar en el plan de desarrollo de infraestructuras de Estados Unidos. Y dado que la mayor parte de la infraestructura estadounidense se construyó en la década de 1960 o antes, muchas de ellas han llegado al final de su vida útil y necesitan ser reemplazadas o modernizadas. En consecuencia, el "Nuevo Pacto" del presidente estadounidense Joe Biden, el mayor plan de modernización y expansión de infraestructuras de Estados Unidos desde la década de 1950, incluye un programa de construcción de infraestructuras a gran escala.

Si ambas partes cooperaran en este tipo de planes, las empresas chinas se familiarizarían más con las normas internacionales, comprenderían mejor las tecnologías avanzadas y aprenderían a adaptarse al estricto entorno empresarial de los países desarrollados, al tiempo que mejorarían su competitividad global.

De hecho, la cooperación en materia de infraestructuras puede acercar a las dos mayores economías del mundo, lo que, además de reportarles beneficios económicos, fortalecerá la confianza política mutua y los intercambios entre personas, y promoverá la estabilidad y la prosperidad económicas mundiales.

Además, dado que China y Estados Unidos comparten algunos desafíos, deberían identificar posibles áreas de cooperación. Por ejemplo, deberían fortalecer la cooperación en la prevención y el control de epidemias y compartir sus experiencias en la contención de la pandemia con otros países, ya que la pandemia de COVID-19 ha demostrado una vez más que ningún país es inmune a las emergencias de salud pública mundiales.


Fecha de publicación: 18 de julio de 2022